La asesina de Munch

La asesina de Munch

De aquella noche son pocas cosas las que recuerdo, pero muy nítidas.

Fuera llovía, recuerdo estar tendido en la cama y la música del tocadiscos inundando la habitación. A los pies de la cama había una mujer, su cara era sombría y le brillaba la mirada con rabia. Cogió un cuchillo de la mesa y sin darme tiempo para reaccionar me apuñaló el vientre.

Recuerdo el dolor de la hoja cortando la carne por dentro y entrando y saliendo una y otra vez. La sangre brotada y mientras me apuñalaba ella no dejaba de mirarme a la cara con una expresión monstruosa, los ojos saltones y llenos de venas le sobresalían de las cuencas y dos hileras de afilados dientes se mostraban detrás de una sonrisa macabra.

Decidí no mirarle a la cara y me centré en mi abdomen. Recuerdo pensar que la camisa blanca que llevaba era nueva y que me había costado el sueldo de un mes, y ahora estaba llena de cortes y no la podría volver a usar.

Perdí tanta sangre que me debilité, pero seguí vivo, y a pesar de las ganas que tenía de quejarme por los dolores internos no lo hice, pues ella era una perfeccionista y si se hubiera dado cuenta de que seguía vivo me habría rematado sin piedad. Así que esperé. Esperé mientras se encendía un cigarro y miraba como amainaba la tormenta. Fumó lentamente, jugando a hacer anillos de humo sin conseguirlo y apagó el cigarrillo, frustrada, en el cenicero.

Fue al baño a lavarse las manos, metió la toalla sucia en una bolsa, el cigarrillo y el arma del crimen, y antes de irse me miró por última vez y dijo: “Que te jodan Eddie”

Cuando cerró la puerta a sus espaldas busqué un teléfono por la habitación y no se como pude llegar a él tan mal como me encontraba, pero recuerdo muy nítidamente como caí de la cama y toqué el suelo con la mejilla, estaba frío y apenas tenía fuerzas para arrastrarme hasta la mesa. Pero lo logré.

Lo que pasó después yo no lo sé, ni a quien llamé. Pero desde luego esa noche se repite en mi cabeza como una pesadilla y yo no puedo evitar pintarla una y otra vez, tendido en la misma cama y envuelto en vendas.


Este relato ha sido una invención de lo que me transmite este cuadro, no es una interpretación ni una descripción de la realidad.

The murderess. Munch. 1906.

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